La batalla
de Iwo Jima, conocida en clave como Operación Detachment, fue una de las más
sangrientas de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra del Pacífico. Tuvo
lugar en una isla estratégica entre tropas estadounidenses y fuerzas del
poderoso Imperio japonés entre el 21 de febrero de 1945 hasta el 26 de marzo de
1945.
En esta
batalla, el oficial japonés, Tadamichi Kuribayashi, cobró una especial
importancia, pues estableció una poderosa defensa que tenía como objetivo
establecer un alto coste en vidas para aquel enemigo que pretendiese
conquistarla. La estrategia de Kuribayashi consistía en construir una red de
túneles subterráneos conectados entre sí, búnkeres, trampas y fortificaciones
que aprovechasen la compleja geografía de la isla y el monte Suribachi, de tal
forma que resultase muy eficaz la movilidad y el ataque. Además, este oficial
hizo ver a todo aquel que estaba en la isla que jamás volverá a su territorio
patrio, pues de acuerdo con el código de honor japonés, cada vida inmolada
deberá de ser muy cara para el enemigo.
Tras los
continuos bombardeos preliminares de la flota naval estadounidense, las
primeras lanchas de desembarco llegaron a la playa sin sufrir ataque alguno de
las defensas japonesas, pues el alto mando japonés había previsto permitir el
desembarco sin fuego para comenzar a disparar desde numerosas posiciones cuando
los invasores se hubiesen concentrado lo suficiente, y así causar por sorpresa
un mayor daño.
A pesar de
ello, la artillería, el suministro de equipos y víveres de las fuerzas
japonesas fue muy insuficiente y de muy mala calidad por culpa, entre otras
cosas, de los submarinos estadounidenses que rodeaban la isla. De este modo,
tras el sangriento desembarco de las tropas en la isla, los combatientes
japoneses resistieron los últimos días solo con lo poco que les quedaba,
fusiles, pistolas y algunas granadas de mano.

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