La llegada
a Berlín de las tropas aliadas daría lugar a la última gran batalla en Europa
durante la Segunda Guerra Mundial que comenzaría el 16 de abril de 1945 tras el
inicio de una gran ofensiva de la Unión Soviética contra los nazis, y
finalizaría el 2 de mayo de 1945.
Los
alemanes anticiparon que la mayor cantidad de tropas soviéticas atravesarían el
Río Oder, y antes del inicio de la batalla de Berlín, las tropas soviéticas
—compuestas por un grupo de ejércitos de países del este— consiguieron rodear
la ciudad desde el norte, sur y este. Uno de los ejércitos soviéticos comenzó a
bombardear el centro de Berlín, mientras que otros empujaban a unas tropas
alemanas agotadas, mal equipadas y desorganizadas, a las que se sumaban
voluntarios extranjeros de las SS y voluntarios mal entrenados de las
Juventudes Hitlerianas y de la milicia Volkssturm.
Durante los
días que duró la batalla, los soviéticos consiguieron avanzar rápidamente a
través de las calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde se libraron
muchos combates cuerpo a cuerpo en cada rincón. De este modo, Adolf Hitler, el
Führer de Alemania, se suicidó el 30 de abril de 1945, al igual que muchos de
sus simpatizantes. Una semana después, el 8 de mayo, se produciría la rendición
incondicional de la Alemania Nazi, y como curiosidad, numerosas unidades
alemanas se marcharon al oeste a entregarse a los Aliados occidentales, en
lugar de ser capturados por los soviéticos.

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