El ataque a
Pearl Harbor fue una ofensiva militar llevada a cabo por sorpresa por parte de
la aviación japonesa. El 7 de diciembre de 1941, la Armada Imperial Japonesa
atacó la base naval estadounidense de Pearl Harbor en Hawaii. Este ataque
pretendía ser una medida preventiva para evitar la intervención de la Flota del
Pacífico estadounidense en las acciones militares que el Imperio japonés estaba
planteando realizar contra Reino Unido, Francia, Países Bajos y Estados Unidos.
Los buques
de guerra estadounidenses fueron atacados por casi 400 aviones de guerra
japoneses. Estados Unidos sufrió 3400 bajas y 2300 muertes. Además, esta
ofensiva dañó notablemente el poder aéreo y naval norteamericano en el
Pacífico.
A los
pilotos japoneses se les ordenó seleccionar los objetivos más valiosos de la
flota naval norteamericana, es decir, acorazados y portaaviones, y todos los
grandes buques de guerra. Los bombarderos atacaron los objetivos en tierra, y
los cazas se encargarían de la destrucción de la flota aérea en tierra para
evitar que despegasen y contratacasen. Cuando el combustible de los cazas se
estuviese agotando, debían volver a los portaaviones para repostar y, acto
seguido, reincorporarse a la ofensiva.
El ataque a
Peral Harbor supuso que el Congreso norteamericano aprobara la declaración de
guerra contra Japón.
El
presidente Roosevelt fue blanco de críticas en aquel momento, no solo por la
falta de previsión de las autoridades militares ante el ataque japonés, sino
también por los rumores que decían que el presidente de Estados Unidos sabía
que se produciría el ataque y no hizo nada para evitarlo con el fin de tener
una excusa con la que introducir a su país en la guerra. Sin embargo, solo se
trataba de un rumor, ya que lo más probable es que los militares
norteamericanos, si bien conocían que existía la probabilidad de que se
produjera un ataque, no sabían con certeza los detalles del mismo.

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